The Griffin Book : Ken Uston

“…que el hombre no es en verdad uno,
si no en verdad dos”

R.L.Stevenson, “Jeckyll & Hyde”

Paris es el lugar más triste del mundo para morir. Ken Uston lo sabía y es posible que por ello decidiera ir allí. Estaba cansado de su trabajo en un pais árabe y escapó como lo había hecho allá por los setenta, cuando dejó su trabajo en la bolsa de valores para dedicarse a tiempo completo a jugar al blackjack. En esa época se llamaba Kenneth Senzo Usni, el Contador Ken Uston aún no había nacido. Estaba en una fiesta junto a su mujer cuando conoció a Al Francesco en una partida de poker. Kenneth, matemático, superdotado y con un Master en Harvard, tenía una malsana curiosidad por los juegos de azar, además de una personalidad con tendencia a los excesos en general.

Francesco solo estaba en el momento oportuno, el resto vino rodado. Al Francesco había creado un grupo de jugadores de blackjack y quería ampliarlo, por lo que le ofreció unirse a él. Justo en este instante es donde se produce el nacimiento de Ken Uston. El hasta entonces ejemplar marido y padre, Kenneth, deja de ser un brillante matemático de la bolsa de valores de San Francisco y comienza su transformación, aun en fase embrionaria, a contador del grupo.

Ganan cientos de miles de dolares en las Vegas, Ken deja a su mujer y a sus hijos y comienzan las desavenencias con Al Francesco. Los casinos se dan cuenta de todo el conteo de cartas en las mesas, y expulsan al equipo, incluyendo sus nombres en the Griffin Book, lista de personas non-gratas en los casinos de Nevada.

De manera inevitable, se produce la ruptura del grupo y Ken decide formar otro. Si algo ha caracterizado a Ken es su don para la ubicuidad, parece estar siempre en el momento adecuado para empezar una nueva partida. Cuando era Kenneth, no pasaba nada extraordinario en su vida, se odiaba, odiaba la contención a la que se veía sometido por su estilo de vida. Cuando nació como Ken, todo cambió, se sentía libre.

Era 1976, y la suerte quiso que Atlantis City legalizara el juego, Ken acudió con su nuevo grupo a las mesas. Esta vez ganaron millones de dolares y todo fue absorbido por una gran espiral. El ritmo de vida frenético de mujeres, alcohol, etc comenzó a pasar factura y un Ken Uston cada vez más excesivo empieza a llamar demasiado la atención de los casinos. Finalmente son vetados de nuevo, pero esta vez Ken decide denunciar en los tribunales.

Comienza una etapa llena de altibajos con su ex-mujer, con la que mantiene un contencioso judicial; su veto en los casinos le obliga utilizar disfraces para que no le reconozcan en ellos, convirtiéndose en un maestro del disfraz obsesionado con el juego.

Al cabo de unos años de New Jersey dicta como sentencia que el conteo mental de cartas es totalmente legal por tratarse de una habilidad humana, quedando prohibido el uso de artilugios externos para dicho conteo. Esta victoria se vuelve contra Ken, ya que los casinos endurecen las reglas del juego y aumentan la vigilancia, por no hablar de como los casinos se llenan de contadores nada discretos y de una torpeza que solo logra perjudicar al autentico jugador.

Tras un tiempo jugando en solitario, con el disfraz adecuado para cada ocasión, Ken se da cuenta de todo lo que ha perdido en su carrera como jugador profesional. Ya nada queda del hombre felizmente casado, padre de tres hijos a los que hacía años que no veía. Por otro lado, poco quedaba del entusiasta jugador de blackjack que vivía tan rápido como le venía, ni los libros, ni los videojuegos, ni de pais para trabajar de asesor económico eran suficientes. Se había convertido en otra persona.

Lo que aconteció despues en su viaje fue soledad, deriva y por último Paris. Creo que fue allí a morir. Apareció sin vida en su apartamento, tumbado en el suelo. Dicen que en extrañas circunstancias, esa podría haber sido la muerte de Ken Uston, pero lo cierto es que las autoridades francesas no se complicaron demasiado, en la autopsia figura un ataque al corazón. Esa podría haber sido la muerte de Kenneth Senzo Usni.

Dos hombres encerrados en un mismo cuerpo, decidan ustedes.

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