GRANDES JUGADORES :Norman Leight
Es de noche y está lloviendo. En la puerta trasera de un casino francés espera un niño de unos diez años. No piensa en nada importante, solo piensa en las cosas que piensan los niños de su edad. Cambiamos de plano, fundido en negro. Se abren violentamente las puertas del casino y dos hombres corpulentos lanzan a un tercero al suelo. Le gritan que no le quieren volver a ver por alli, le amenazan. El hombre se gira, aun tiene la cara desencajada, y, como a cámara lenta, ve al crio observándole. El chico se llama, Norman, Norman Leight, su hijo, su primogénito.
Y él, desde el suelo, sin poder articular sonido y con una palabra retumbando en su cabeza: arruinado.
Trágico, ¿verdad?. Si estuviéramos en unos de esos universos paralelos que pululan por ahí detrás de los armarios o estanterías del salón, el futuro de Norman, del pobre niño Norman, estaría claro. Debería entrenar su cuerpo y su espíritu durante el resto de sus días y combatir contra los casinos para vengar la muerte de su padre, y para ello se haría un estrafalario uniforme con un pijama de felpa y un logotipo en el pecho. El logotipo podría ser una ruleta con el símbolo de prohibido o una carta de poker con tres agujeros de bala.
Mola ¿eh? Ahh, esto, vale, que su padre no murió, solo lo echaron del sitio, que no hay nada que vengar, que es una idea absurda que no interesaría ni a los guionistas de Marvel Comics.
Esta bien, nada de eso pasó y esas cosas solo pasan en las peliculas, etc..y en mi cabeza. De acuerdo
volvamos a la realidad, al mundo en que vivimos.
Desde que Norman vio como echaron a su padre del casino totalmente arruinado, un solo pensamiento ocupó su cabeza : crear un sistema que pudiese hacer saltar la banca de cualquier casino del mundo.
(¿Qué estoy contando otra vez lo mismo? ¡Que no, que yo no tengo la culpa de que el tío se creyera un superhéroe o algo así!)
Durante algunos años, trabajó como interprete militar hasta que acabó trabajando con su padre en la hostelería. Su fijación y constancia para derrotar a la banca, le lleva a formar en 1955 un grupo de 13 personas para perfeccionar su sistema de progresiones y conseguir asi su objetivo y vendetta. El sistema pasó a llamarse Labouchère inverso. Basado en las matemáticas más metódicas, tiene la pega de que es lento y no se ganan grandes cantidades, pero a largo plazo es de los más seguros.
Poco a poco los casinos franceses se dan cuenta de todo, y cuando Los 13 contra la banca vivían su época más dulce en la costa azul, le prohibieron la entrada a los casinos franceses a Norman Leight.
No hace falta decir que hizo pingües cantidades de dinero hasta que eso sucedió, y que años más tarde mientras tomaba una copa con un amigo, este le sugirió la idea de contar su historia en un libro. Norman siempre tuvo olfato para el dinero y el libro, que lo tituló “Trece contra la banca”, fue de los más vendidos durante algún tiempo, siendo hoy lectura obligada para cualquier aficionado que se precie.
Como nota o apunte curioso, y dejando a un lado los paralelismos con personajes obsesionados con la venganza, si quiero mencionar una cosa. Cualquier psicólogo les hablaría de los patrones que buscamos como referentes en nuestra vida diaria y como les imitamos buscando una ilusión de seguridad. Norman inconscientemente tenía como referente a su padre, patrón que consiguió mimetizar hasta que se le negó la entrada a los casinos. Con la diferencia de que él no acabó arruinado.
No sé, quizás lo del pijama de felpa no andaba tan lejos de la verdadera historia.







